Preocupación por el coronavirus en Chile

El 60% de la población está vacunado, pero siguen los records de contagios

Aunque se acerca al porcentaje que generaría la ansiada inmunidad de rebaño, los contagios reportados baten nuevos records en cada jornada. Todas las miradas están puestas en la eficacia de la Sinovac para prevenir infecciones.

Chile superó los 30 mil fallecimientos desde que comenzó la pandemia y durante las últimas semanas las nuevas infecciones reportadas se mantuvieron en una meseta alta con un promedio de ocho mil en cada jornada. Asimismo tiene 49 mil casos activos y más 3.200 pacientes internados en unidades de cuidados intensivos. Presenta un 97% de ocupación de camas (solo 167 están libres) y la presión sobre el sistema sanitario es fuerte.

Igual que sucede a nivel doméstico, la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva alertó sobre el inminente colapso del sector.Si bien hay varias ciudades en alerta epidemiológica, Santiago exhibe las peores cifras. De manera reciente superó los cuatro mil contagios en un día con lo que alcanzó el récord que solo había conseguido en junio de 2020, durante la primera ola, cuando las infecciones confirmadas por diagnóstico llegaron a 4.421. En el presente, tiene una ocupación de camas UTI del 98,8%.

Chile dispone del Plan Paso a Paso, un sistema de fases muy similar al establecido en Argentina, con cuarentenas focalizadas por distrito, con aperturas y con cierres. El paisaje es muy similar al que se pinta en la mayoría de Sudamérica. Aunque hay una diferencia nada desdeñable: según el sitio OurWorld in Data, Chile ya inmunizó al 59% de su población. De hecho, comparte los primeros lugares con Israel (63%), Canadá (61%) y Reino Unido (59%) gracias al ritmo que adquirió la inoculación masiva de sus habitantes. «Hemos logrado vacunar a más de 8 millones de personas con las dos dosis, lo que representa más del 53% de la población objetivo de 15,2 millones de personas», señalaba el presidente Sebastián Piñera en una conferencia reciente. La estrategia de inmunización acumula, además, un 71,2% de la ciudadanía con la primera dosis, con lo cual ya se abrió el proceso de cobertura para las personas que tengan entre 23 y 25 años.

La paradoja está servida: aunque a priori se encontraría muy cerca de la inmunidad de rebaño, a diferencia de otras experiencias como la de Israel o la de Reino Unido, Chile afronta un presente mucho más complejo. De las dosis que inoculó, el 82% fueron de Sinovac (CoronaVac), cuya eficacia para prevenir el contagio de la enfermedad rondael 56%. De esta manera, aunque tiene una mayor capacidad para evitar hospitalizaciones y muertes, la propagación del Sars CoV-2 y sus variantes no se detiene.

El foco en la Sinovac

“Chile aplicó más dosis que población, me refiero a que inoculó un promedio de 102 dosis cada 100 personas. Por supuesto, no quiere decir que haya inmunizado a un ciento por ciento, pero existe un porcentaje muy importante de la sociedad vacunada con una sola dosis y otro porcentaje nada desdeñable que recibió las dos”, dice el virólogo del Conicet Mario Lozano. Y sostiene: “Sin embargo, en esta última semana exhibió el segundo registro más alto de contagios de toda la pandemia. Se debe esencialmente a la baja cobertura que tiene la tecnología que utilizan en su mayoría; me refiero a la Sinovac”. Luego, el exrector de la Universidad Nacional de Quilmes continúa con su razonamiento: “Es una vacuna que en la primera dosis prácticamente no protege y con el esquema completo, es decir, con las dos dosis, llega a proteger a la mitad de las personas. Si pensamos que el 80% de los chilenos recibió esta fórmula, el 40% de los inoculados no tienen capacidad de evitar el contagio. Sí, en cambio, protege mejor al evitar los casos graves y los fallecimientos por Covid”.

En abril, el Ministerio de Salud de Chile difundió un informe sobre la eficacia de la CoronaVac con el propósito de analizar qué es lo que estaba sucediendo con el proceso de inmunización en tiempo real. “En un trabajo con referencia a mediados de abril, los especialistas de la autoridad sanitaria evaluaron la eficacia de las dos dosis y también lo que ocurría con una sola. Allí lograron afirmar que 14 días después de recibir la segunda dosis, la eficacia era de un 67% frente a la enfermedad, de un 85% ante la hospitalización, de 89% frente a ingreso a terapia intensiva y un 80% respecto a muerte”, apunta Daniela Hozbor, Investigadora Principal del Conicet en el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular de La Plata. El problema, no obstante, radicaba en la pobre protección conferida en aquellos individuos que solo contaban con la primera. “Con una dosis, luego de 14 días, la eficacia para evitar contagiarse era de un 16%, para evitar la hospitalización era de 35%, 42% en relación al ingreso a terapia intensiva y un 40% respecto de fallecimientos”, explica la bioquímica.

Si bien con las dos dosis la vacuna funcionaría bien, con una sola la cobertura es un poco floja. Más aún si se tiene en cuenta el aspecto de evitar la enfermedad. Su situación actual puede deberse a eso”, expresa Hozbor. Argentina, en contraposición, utiliza vacunas que confieren una mayor eficacia con una sola dosis. Una investigación elaborada por el gobierno bonaerense con 186.581 personas demostró el “impacto en la vida real” de la primera dosis de Sputnik V. El estudio arrojó una eficacia del 78,6% para evitar casos de covid, del 84,7% para impedir muertes y del 87,6% para reducir hospitalizaciones en personas de 60 a 79 años.

Desde esta perspectiva, plantea Hozbor: “Por eso es que en Chile avanzaron rápido hacia la cobertura de buena parte de su población con segunda dosis. El tiempo entre la primera y la segunda debe disminuirse lo máximo posible en este caso”. Después remata: “Para Sinovac, una estrategia vinculada a diferir la segunda dosis no sería muy conveniente”. Como Argentina inocula opciones vacunales con mayor eficacia, la opción de diferir la segunda para proteger a más población en menos tiempo adquiere más sentido. Una vía similar siguieron naciones como Reino Unido o Canadá.

Desigualdad que preocupa

El rumbo que escoge cada país para el proceso de inmunización masiva se enmarca en un contexto signado por una desigualdad en el acceso. “A Chile, el acuerdo con Sinovac le permitió vacunar rápidamente a sus habitantes y disminuir la tasa de letalidad. Estamos en un escenario en que las naciones poderosas son las que acaparan las vacunas, por este motivo, no resulta sencillo para los periféricos conseguir las mejores y en buena cantidad”, comenta Lozano. Luego avanza con una hipótesis que apunta contra los medios y los políticos de la oposición: “Todas las vacunas tienen sus pro y sus contra. Si nuestro gobierno hubiera acordado con Pfizer, estoy seguro de que la oposición mediática y política hubieran hecho un escándalo al reportarse algunos casos de alergias graves, como se identificaron en varias naciones. El deporte que practican es la queja, de cualquier manera hubieran encontrado los motivos”.

Además de la Sinovac, Chile también empleó otras vacunas como Pfizer (con la que inmunizó al 18,5 del total de los vacunados), AstraZeneca (al 2%) y CanSino (al 0,6)pero en menor medida. En 2022 la estrategia podría virar hacia la incorporación de otras fórmulas con mayor eficacia, como pueden ser Moderna y Sputnik V, o bien, tratar de conseguir más dosis de Pfizer, cuyo desembarco en el sur del continente ha sido bastante pobre. Las variantes, como la de Manaos y la de Reino Unido, también complican las cosas, sobre todo, en pacientes más jóvenes que, a diferencia de la primera ola, requieren hospitalizaciones. De aquí la diferencia con estrategias como la Argentina, cuyo proceso de vacunación es más lento pero a partir de fórmulas vacunales que han demostrado una mayor protección.

En este marco, la propia desigualdad que imprime esta fase del capitalismo actual imposibilita la opción por una política sanitaria global. “Si nosotros pudiéramos vacunar al mismo tiempo a todo el mundo, con las vacunas que tenemos y las que se van a producir alcanzaría porque podríamos cortar la circulación viral. Evitaríamos que el Sars CoV-2 siguiera modificándose y la generación de nuevas variantes, como la de India y la de Vietnam. Si fuéramos capaces de distribuir las dosis por todo el mundo, las variantes dejarían de aparecer”, destaca Lozano. Y propone:“Deberíamos tener una política global más equitativa, el mundo es uno solo; que se protejan algunos y otros se demoren mucho a largo plazo no tendrá sentido”.

pablo.esteban@pagina12.com.ar

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