11/30/2021

Pandemia 1918: Cien años no es nada

Por Cristian Nielsen

Es impresionante el paralelismo existente entre la gripe de 1918 y el COVID19. Un completísimo trabajo publicado por el Ministerio de Salud Pública reseña la aparición de la epidemia, luego convertida en pandemia, cuando la Primera Guerra Mundial entraba en su último año y a la montaña de muertos, mutilados y desaparecidos dejada por el conflicto bélico se sumaban los tendales dejados por la virulenta gripe injustamente bautizada “española”.

En este artículo pondré sólo énfasis en las increíbles coincidencias separadas por un siglo completo, dejando la triste reflexión de que en determinadas coyunturas impuestas por la naturaleza, estamos hoy casi tan inermes como hace cien años.

LOS MISMOS CONSEJOS – Desde los centros mundiales de lucha contra la gripe española llegaban estos consejos como únicos instrumentos eficientes:

  • Lavarse las manos con frecuencia.
  • Evitar contacto físico entre las personas.
  • Besarse pero con un pañuelo en la boca.
  • Fumigar los teléfonos públicos y también a las telefonistas.
  • Usar mascarillas cuando se brinda atención al público
  • Pacientes convalecientes deben pasar de una o dos semanas de aislamiento.
  • Poner en marcha programas educativos y divulgar los riesgos de toser y estornudar sin mascarilla en presencia de otras personas.

En EE.UU. hubo medidas drásticas. En Boston, el gobierno cerró las escuelas públicas, los bares y otros espacios públicos. En Chicago la policía tenía órdenes de detener a todo aquél que estornudara o tosiera en público.

¿Golpes de ciego? En todo caso, muy parecidos a muchos que se dan hoy.

HUBO DOS OLEADAS — El estudio del MSP documenta que la gripe entró al Paraguay a través del cruce Posadas-Encarnación, en el ferry que conectaba los dos sistemas ferroviarios. “A pesar de las precauciones tomadas, la gripe brotó entre el personal de Correos y Telégrafos, siendo el primer foco detectado en la ciudad de Asunción. De allí se extendería a otras regiones del interior del país en cuestión de días” dice el detallado informe ministerial.

La primera oleada abarcó abril y mayo de 1918 y causó 234 muertes. La segunda se expandió en 1919 con 856 muertes. La desorientación y el miedo ganaron las calles de ciudades y pueblos dejándolos desiertos. El Departamento Nacional de Higiene dispuso “la cuarentena, el aislamiento social y el lavado de manos. Los lugares públicos como cines, teatros, bares y circos se cerraron, así como las escuelas… pero adelantando antes los exámenes “.

Todo parecido con la actualidad no es coincidencia, es la dura realidad.

No avanzamos nada.

SIN FUTBOL NI MISAS – En el Mercado Central de Tablada se prohibió cocinar alimentos aunque sí venderlos ya preparados. Hubo un motín promovido por la Federación de Vendedoras cuya

directiva fue llevada presa por la policía, que además tomó otras medidas. Por ejemplo, se prohibió la asistencia a cementerios mientras los presos de la Cárcel Pública eran conducidos al antiguo Teatro Nacional (hoy una repartición de Hacienda) “lugar espacioso en el cual pudiesen  lograr una mejor recuperación y evitar que la enfermedad se extendiera entre los demás reclusos”.

El Gobierno, además, no se anduvo con miramientos en dos actividades que generaban reuniones importantes: la iglesia y el fútbol.

Un comunicado del Departamento de Higiene disponía la clausura de los templos y la prohibición de asistir a oficios multitudinarios como la víspera de la Virgen de Caacupé, el 7 de diciembre. “Los bautismos y matrimonios -ordenó- deberán efectuarse en privado”.

El fútbol, en cambio, siguió su curso pero no sin contratiempos. La finalísima entre Cerro Porteño y Nacional de 1918, que debía jugarse en noviembre, debió postergarse hasta enero de 1919 debido a la sacudida provocada por la pandemia que seguramente despobló los campos de juego.

VACUNA, LA DIFERENCIA – Científicos del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. lograron reconstruir en 2005 el virus que provocó la gripe de 1918. ¿La razón de este estudio? Comprender mejor “las propiedades biológicas que confieren virulencia a los virus de influenza pandémica”. Para los científicos, “resulta imposible predecir con certeza la aparición de una futura pandemia, incluido un virus similar al de 1918, porque las pandemias se desatan cuando existe poca o ninguna inmunidad en la población humana”(CDC).

Aprendiendo a desentrañar el comportamiento de estos gérmenes patógenos, la comunidad científica puede abreviar los pasos para producir vacunas específicas y cerrar de esta manera el paso a enfermedades de gran virulencia sin tanto sufrimiento humano.

Salvo este último punto, vimos que entre la pandemia de 1918 y la de 2020 no se diferencian demasiado en la forma de combatirlas.

Parafraseando al tango, diría que “cien años no es nada”.

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