La falta de insumos y un récord de entierros sorprenden a Brasil en la peor hora de la pandemia

BRASILIA. La segunda ola en Brasil es mucho peor que la primera, según datos oficiales. El indicio que mide la tragedia es el crecimiento exponencial de las inhumaciones, el traslado de restos y el colapso de los cementerios, donde cavan tumbas día y noche y hasta exhuman cuerpos para hacer más lugar. A ese cuadro se suma un alza sin cesar de los contagios y el déficit preocupante de insumos médicos con ciudades que se han quedado sin sedantes para entubar a los internados en terapia intensiva.

En Vila Formosa, cerca de la megalópolis de San Pablo, el cementerio más grande de toda América Latina, se excavan hasta 300 tumbas por día contra 60 de la ola anterior iniciada en febrero de 2019. Los servicios de cementerios brasileños contrataron personal nuevo y compraron maquinaria ante el exceso de trabajo, pero la situación sigue siendo agobiante.

“Estamos en el peor momento, con el mayor número de muertes y de casos, lo cual indica que abril será todavía muy malo”, señaló la epidemióloga Ethel Maciel, profesora de la Universidad Federal de Espírito Santo.

A las 6 de la tarde comienza el turno de noche en Vila Formosa con labores con excavadoras, palas iluminadas por reflectores accionados por generadores y un fuerte olor a diesel en el aire.

Con unos 300 entierros por día (casi el triple que en la primera ola), ahora hay seis excavadoras para cavar 200 fosas al día. Se contrataron 50 camionetas para transportar los cuerpos, compensando la escasez de coches fúnebres. El municipio de San Pablo ha desmentido los rumores que hablaban de autobuses escolares contratados para el transporte de ataúdes.

Ante esta situación, la ciudad más grande de este país comenzó sus esfuerzos para liberar la mayor cantidad de tumbas antiguas y dejar espacio para quienes están muriendo por el virus, pues según estudios, el 80% de las personas que están internadas en una unidad de cuidados intensivos fallece.

En el cementerio de Vila Nova Cachoeirinha, los trajes blancos de materiales peligrosos son un común denominador y son portados por personas que recogen los restos óseos para trasladarlos a otro lugar, mientras algunas familias, entre llantos, despiden a sus seres queridos.

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