“Antes que operarme ¡renuncio!”: El papa Francisco agita fantasmas de dimisión

Ciudad del Vaticano.-Una nueva versión de lo que dijo el Papa a los obispos italianos reunidos el 23 de mayo para elegir un nuevo presidente de su Asamblea Episcopal. ha hecho retumbar de nuevo en la prensa el tema cada vez más frecuente de la renuncia del Papa. Uno o más de uno de los no quieren a Francisco en la aguerrida minoría de los “vescovi” italianos, esparció la noticia.

“Antes que operarme ¡renuncio!”, afirmó Francisco. La versión que se conocía era distinta. “No quiero operarme porque me afectó mucho la anestesia que me dieron en la operación”. Se refería a la intervención quirúrgica de tres horas en la que los cirujanos del hospital Gemelli de Roma le extirparon 30 centímetros del intestino grueso debido a una diverticulitis infecciosa.

Según fuentes vaticanas la frase que ha desatado la nueva oleada de versiones periodísticas fue dicha en tono de broma.

Ha pasado menos de un año de la operación de colon. Y desde que la primera versión reveló que el Papa mismo dijo que no quería operarse por temor a los efectos que había sufrido por la anestesia, no han parado las especulaciones.

A nivel internacional, además, del Papa y sus achaques se han ocupado los grandes órganos de prensa mundiales. Desde el “Washington Posto”que tituló un largo artículo: “¿Esta cerca el Papa del fin de su pontificado?”, a “Le Figaro” y otros diarios franceses, junto con un par de diarios británicos.

Es probable que el Papa sienta que ha pasado poco tiempo desde la operación de colon y que sufra aún los efectos de la anestesia, por lo que no quiere saber nada de operarse de su rodilla izquierda con artrosis, lo que lo ha obligado a utilizar una silla de ruedas y renunciar a una parte de sus compromisos públicos.

Pero solo Jorge Bergoglio habló de los fastidios de la anestesia, que siempre son de cuidado en una persona que cumplirá 86 años de edad el próximo 17 de diciembre.

Ningún parte médico o de la información oficial vaticana ha mencionado el tema, por lo que las especulaciones vuelan. Algunos recuerdan que cuando el Papa fue dado de alta el año pasado, los cirujanos del Gemelli no firmaron el Boletín Médico. Nunca dieron información, lo hizo directamente la oficina de prensa del Vaticano.

Los médicos que lo tratan recomendaron al Papa que se operara de la rodilla. El Papa dijo a los obispos italianos el 23 de febrero que no quería la intervención, que lleva menos de una hora, por la cuestión de la anestesia y la rehabilitación.

La alternativa ha sido puesta en manos de los ortopédicos que lo atienden y le practican infiltraciones. Además lo someten a dos horas diarias de ejercicios de rehabilitación. El tratamiento ha dado buenos resultados.

El Papa no tiene, que se sepa, ningún otro problema de salud. De cerca se lo ve atento, concentrado, con buena memoria y descansado.

El 27 de agosto presidirá un Consistorio para crear 21 nuevos cardenales, de los cuales 16 entrarán al futuro Cónclave para elegir a su sucesor. Se estima que el 60% de los electores menores de 80 años han sido nombrados por él y que siguen la línea de su pontificado.

Al día siguiente, el 28 de agosto, el Papa no se quedará en Roma pese a la presencia de los cardenales del mundo, todos convocados al Consistorio. Francisco ha decidido viajar a L’Aquila, a un centenar de kilómetros de Roma, para rendir homenaje a Celestino V. el Papa que renunció a su cargo en 1294 tras solo seis meses de pontificado.

En 2009, Benedicto XVI, el actual Papa emérito Joseph Ratzinger, también visitó L’Aquila y cumplió un gesto que pocos notaron como premonición. Depositó su palio en la tumba de Celestino V.

Cuando en febrero de 2013 Ratzinger renunció, todos comprendieron que aquel gesto denunciaba ya un propósito de dimitir si su salud seguía deteriorándose.

Ratzinger sigue vivo a los 95 años, está frágil pero bien para su edad. Vive en un convento en los jardines vaticanos y Francisco lo visita de vez en cuando.

Cuando renunció hace más de nueve años, Ratzinger “inventó” la condición de Papa emérito, con uso de la vestimenta blanca de los pontífice. Su decisión de renunciar abrió una puerta histórica, dándole una nueva dimensión moderna al pontificado. En el futuro la renuncia de un Papa cuando esté enfermo o sea un anciano de edad avanzada, será algo normal.

Pero mientras el Papa alemán siga vivo, ni hablar de una renuncia de Jorge Bergoglio a su cargo. Imaginen una foto de tres Papas juntos, cuánto daño haría al prestigio de la Iglesia.

El periodista italiano Gianni Valente recordó que en Francia una red internacional de “los mejores vaticanistas del mundo”, ha creado una revista distribuida exclusivamente a los miembros del Sacro Colegio de Cardenales, enviándola a sus direcciones personales.

El objetivo de “Cardinalis”, tal el nombre de la revista, es que los que elegirán al futuro Papa estén informados para “tomar las justas decisiones en los momentos importantes de la vida de la Iglesia”.

“Cardinalis” ha sido impresa en cuatro idiomas como guía interpretativas y concebida como un memorándum para un futuro Cónclave.

La línea editorial declara seguir los pontificados de san Juan Pablo II y Benedicto XVI”, los dos papas anteriores y más conservadores que el proclamado reformismo de Francisco.

Hay que recordar que el conservador arzobispo de Nueva York, Timothy Dole, ha comenzado a enviar a los cardenales de todo el mundo libros sobre la situación de la Iglesia y el Cónclave que viene para aumentar la presión de los adversarios de Bergoglio y favorecer la elección de un nuevo pontífice alternativo a la línea del actual Papa.

El Papa en silla de ruedas afrontará una prueba con sus dos viajes previstos en Africa a principios de julio (República Democrática del Congo y Sud Sudán) y a finales de ese mes, a Canadá.

Jorge Bergoglio regresará en el día de su viaje a L’Aquila. Lo esperarán cocinándose en el calor del horno romano los cardenales llamados al Consistorio, que el 29 y 30 de agosto examinarán con el Papa la reorganización de la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia, que fue un mandato explícito de los purpurados que eligieron Papa a Francisco en el Cónclave del 13 de marzo de 2013.

Fuente: Clarín.

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