11/28/2021

A falta de pan, mango a toda hora en Santiago de Cuba

El mango es el salvavidas para muchas familias que no podemos pagar la libra de arroz a 75 pesos, la de azúcar a 50, el cerdo a 130, el file de huevo a 300 y la caja de pollo a 3.500 pesos’, dice un santiaguero.

 

La escasez y los precios abusivos traen a Julito «sin más huecos donde ajustar el cinto» a la hora de balancear las necesidades nutricionales de sus hijos en Santiago de Cuba, ciudad donde a falta de pan, leche y proteínas, los padres incorporan el mango como elemento clave en la dieta de los niños.

Aunque las frutas son saludables y aportan vitaminas al organismo, resulta improcedente privar a los menores de una nutrición equilibrada, que incluya las kilocalorías esenciales para su desarrollo. Esta es una deuda que Cuba tiene con su infancia.

«Ni uniendo mi salario al de mi esposa podemos pagar seis panes diarios a 12 pesos cada uno, y mucho menos un paquete de leche a 120. Nos resulta factible comprar 15 mangos a 25 pesos”, argumentó Julio al explicar cómo garantiza el menú de su hogar, que en mayo cerró con «quimbombó y chícharo en el almuerzo y yogur con puré de calabaza en la comida«.

Estrella Linares, su esposa, asegura que están «atados y contra las cuerdas para poner sobre la mesa alimentos para dos niños y dos adolescentes que llevan casi año sin ir a la escuela, no entienden nada de la crisis y se pasan todo el tiempo pidiendo comida”.

«El mango es el salvavidas para muchas familias (a las) que no nos alcanzan los mandados de la bodega y no podemos pagar la libra de arroz a 75 pesos, la de azúcar a 50, el cerdo a 130, el file de huevo a 300 y la caja de pollo a entre 3.500 y 4.000 pesos”, dijo.

Tony es otro santiaguero al que los ingresos no le dan para variar su despensa. «Cuando termino en la textilera, cojo la carretilla y busco todo el mango que puedo en Boniato y El Caney. Una parte la vendo y con la otra desayunan, comen y meriendan los niños. Por ahora resolvemos. Ojalá esta racha no se terminara nunca».

Los mercados continúan vacíos y muchas familias se sustentan con el mango, que a juicio de Olga «es en la actualidad la principal cuña para paliar el hambre en Santiago de Cuba«.

«Cuando anunciaron la drástica reducción en la venta de pan liberado pusimos el grito en el cielo. Por fortuna aparecieron los mangos», comentó Gladis en su reflexión sobre las penurias y las colas kilométricas.

Marbelis resumió su experiencia al decir: «No hay muchas opciones. O comes mango o te embutes con berenjena y agua de sopa, porque no hay ni fideos, ni espaguetis, ni coditos, ni viandas, ni huesos que echarle. Incluso hasta la sal es un lujo, porque cuando aparece está a 50 y 60 pesos la libra».

Las autoridades no resuelven la escasez, pero persiguen las ilegalidades que alimentan a los cubanos

En San Pedrito y Los Pinos, barrios considerados «conflictivos», el pueblo se enfrenta a la Policía cuando los agentes intentan decomisar la mercancía a los particulares.

A raíz del inicio de la cosecha de mangoabundan los vendedores ilegales de mangos en las calles y comunidades residenciales de Santiago de Cuba. Las autoridades, incapaces de encontrar la fórmula para acabar con la escasez, persiguen la ilegalidad que impide que la fruta se pudra en el campo.

René Uribazo, campesino de la cordillera de la Gran Piedra, confirmó a DIARIO DE CUBA que en La Anita, El Ramón, La Pimienta y otros enclaves de la Sierra de Santa María de Loreto “se pierden miles de quintales de mangos madurados como consecuencia de los torrenciales de los últimos días”.

Una situación similar, que en Santa Ursula, Ñico califica de «crimen», enfrentan los productores de la Sierra Maestra, San Luis, Songo La Maya, Guamá y Segundo Frente.

La variante de enlazar la producción a la industria y comercializar las frutas en autopistas y carreteras nacionales para evitar que se perdiera más del 60% de cada cosecha ha desparecido debido a la escasez de combustible y las medidas sanitarias impuestas desde el inicio de la pandemia, que incluyen la restricción de movimiento y la suspensión de todas las actividades.

En los mercados se comercializan las lonjas de mango y las latas de mermelada entre 300 y 400 pesos, precios inaccesibles para trabajadores de bajos ingresos.

Mientras en la Plaza Dolores, se vende una empanadilla a 30 pesos y el kilogramo de plátano burro y yuca a 45 pesos, que también resultan precios abusivos.

Aunque Santiago de Cuba está rodeada de mar, el pescado y los mariscos continúan siendo un lujo, en buena medida porque los precios oscilan entre los 500 y 2.000 pesos, según el producto y la cantidad.

La situación se agrava porque las autoridades sancionan con multas de hasta 1.500 pesos la pesca deportiva y la captura submarina.

Frente a estas incongruencias y las escasas opciones para paliar la crisis alimentaria, las autoridades multan y sancionan cualquier variante que el pueblo utilice para solventar sus necesidades.

Recientemente, la producción y venta de pan liberado del territorio se redujo en un 30%. La gastronomía estatal desapareció por completo y la particular quedó diezmada.

En un recorrido por el municipio Santiago de Cuba, DIARIO DE CUBA corroboró que alrededor del 80% de las pizzerías y los negocios de emprendedores que se dedican a confeccionar cakes y dulces finos han quebrado. Si más propietarios no han entregado la patente ha sido por la esperanza de un «milagro».

Muchas de las cafeterías que ofertaban desayunos ahora venden cigarros de contrabando. Los pocos negocios que se mantienen abiertos enfrentan dificultades para adquirir los insumos, además del asedio de los inspectores.

Pese a este panorama, el Gobierno de Cuba espera «exponer sus experiencias» en la cumbre que se celebrará en septiembre de este año en Nueva York, donde la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y el Programa de Alimentos han anunciado la creación de un frente común para paliar el hambre.

 

diariodecuba.com

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